Flor que late

Cerrada, para proteger la sensibilidad y para ocultar sus misteriosos poderes a la mirada extraña.

Suave y sedosa, con todos sus elementos, tan delicados. Realizada con todo el interés y atención, con las evidentes limitaciones de la tela y de nuestra pericia.

Por delante:
Labios mayores y menores (rosa), glande y capuchón (fucsia), uretra (rosita de cinta), glándulas de la eyaculación (perlitas) y glándulas lubricantes (lentejuelas), entrada de la vagina, himen (puntilla).

Por detrás:
Vagina elástica, cuerpos esponjosos, pilares del clítoris.

Hemos reproducido una vulva en tela, dando nuestra versión, señalando los elementos y características que nos parece importante tener presentes. La tela exterior puede ser de dos tonos para adaptarse a la diversidad de la piel.

Es una manera de traducir en un objeto físico las explicaciones repetidas tantas veces en talleres, sobre cómo son y cómo funcionan los órganos de la reproducción y del placer. Hemos dicho muchas veces que los tejidos humanos son elásticos, que las cavidades están cerradas y tienen la capacidad de ampliarse. Hemos comentado que los genitales femeninos, a diferencia de los masculinos, son internos, que para conocerlos hay que poner voluntad y conciencia y que es importante hacerlo.


La Flor que late es un reto para la artesana que la ha preparado, que no sabía de flores de tela, que sí conoce técnicas para hacer ojales y bolsillos, que sí entiende bien las prestaciones diferentes del recto hilo y el bies, de la estética de la superposición de texturas...

Construirla es complicado, cada paso va en un orden muy concreto, las telas de satén, delicadas al tacto, resbalan y se deshilan al trabajarlas, las formas redondeadas y sesgadas son poco precisas.

Éste es el resultado, esperamos sea útil, para conocerse mejor, en talleres de sexualiadad, para jóvenes, para las mujeres y para todos.
 

 

 



 
 
 
 

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